DOI: https://doi.org/10.60647/S1YV-P796
Resumen
La presencia de plásticos en la vida diaria se ha vuelto indispensable, ya que básicamente todo lo que nos rodea contiene plástico o es 100 % plástico. Sin embargo, los residuos que se generan día a día están rebasando los límites y se estima que serán inmanejables para 2050.
Se sabe que, con el paso del tiempo, ciertos factores provocan la degradación de estos plásticos en fragmentos más pequeños, llamados microplásticos, que pueden ser inhalados, ingeridos o absorbidos por el ser humano a través del contacto dérmico, de manera directa o indirecta.
Realizar una revisión de la presencia de microplásticos en órganos humanos es de suma importancia para crear conciencia sobre las afectaciones causadas por el exceso de contaminantes que no podemos ver; sin embargo, se encuentran presentes al menos en 10 de los 12 sistemas que componen el cuerpo humano, sin que aún haya evidencia suficiente sobre su impacto en la salud humana.
Palabras clave: microplásticos (MPs), sistemas, salud humana.
Introducción
En los últimos años han cobrado relevancia los contaminantes emergentes, que consisten en compuestos químicos no necesariamente nuevos que, debido a su estructura molecular, no se han podido identificar ni cuantificar en el medio ambiente mediante técnicas convencionales. Incluye una amplia variedad de productos, como plásticos, fármacos, productos de desinfección e higiene, cosméticos, aditivos alimenticios e industriales, anticorrosivos, entre otros. En este sentido, los microplásticos (MPs) han cobrado gran relevancia debido a sus interacciones y su persistencia en el ambiente.
Los MPs actualmente están dispersos en todo el planeta, desde los océanos y ríos hasta el suelo, el aire, los organismos vivos e incluso los recursos alimenticios, así como en zonas remotas, como el Ártico y los glaciares montañosos. Pueden ser añadidos a productos de cuidado personal o liberados de múltiples fuentes (procesos industriales textiles, la impresión 3D, el lavado y secado de ropa, los filtros de aire) o resultar de la degradación de la basura plástica mediante procesos fisicoquímicos y biológicos (Baeza Martínez et al., 2022).
Microplásticos en el cuerpo humano
Varios estudios han descrito la presencia de MPs en el cuerpo humano. A continuación, se presentan algunos de estos resultados y se describe la posible ruta que siguen los MPs a través del cuerpo humano.
Una primera vía de exposición es la inhalación de MPs presentes en el aire. Estudios recientes muestran que se pueden inhalar hasta 68,000 de estas partículas al día, siendo los de menor tamaño (1–10 µm) los que representan una mayor amenaza por su facilidad para distribuirse en el cuerpo. Estos podrían alojarse en los pulmones, cruzar los alvéolos y migrar a través del sistema circulatorio a otras partes del cuerpo (Leslie et al., 2022). Siendo confirmado por la presencia de entre 31 y 65 fragmentos en biopsias pulmonares y lavados bronquiales. Los polímeros más frecuentes fueron polietileno, polipropileno, poliuretano, entre otros (Baeza Martínez et al., 2022; Huang et al., 2022).
Por lo que era de esperar, fueron detectados en sangre, en la investigación de Leslie en 2022, se determinó su presencia en 17 de 22 muestras que en su mayoría fue polietileno tereftalato con concentraciones promedio de 1,6µg/mL o el de Leonard (2024), que en el 90% de 20 personas sanas, se encontraron hasta 24 polímeros de los cuales el más abundante fue polietileno, lo que resulta realmente alarmante, ya que algunos tipos de polímeros podrían causar daños al sistema endocrino.
El torrente sanguíneo los distribuye y podrían llegar a diferentes órganos como el cerebro y los huesos. En autopsias de cerebros realizadas entre 2016 y 2024, se encontraron MPs en forma de fragmentos o escamas de polietileno, con concentraciones entre 7 y 30 veces mayores que en hígado o riñón. Cabe resaltar que, a medida que pasaron los años, aumentó el número de MPs presentes en este tejido (Nihart et al., 2024).
En estudios realizados en tejido esquelético (disco intervertebral, hueso y cartílago), se identificaron fragmentos en un rango de 61–22 MPs, principalmente de polipropileno, copolímero de etilenos y acetato de vinilo y poliestireno. Destacando que el disco intervertebral presentó la mayor acumulación, lo que sugiere una mayor susceptibilidad o una menor capacidad de eliminación (Yang et al. 2025).
Siguiendo con las rutas de exposición de los MPs en el ser humano, la más importante ocurre al ingerirlos. Se han encontrado en altas concentraciones en peces, crustáceos y almejas de importancia alimenticia, así como en diversos alimentos como la miel, sal de mesa, cerveza, refrescos, frutas, verduras, leche, fórmula láctea y agua potable o embotellada. Esta última puede aportar entre 74,000 y 121 partículas por año (Medley et al., 2023), lo que destaca el impacto de los materiales de embalaje a base de plástico. En México, se han reportado en cubos de hielo de marcas comerciales (Shruti et al., 2023). En 2019 se estimó que una persona, en promedio, ingería 5 g de plástico cada semana. Una vez en el intestino, altera su microbiota y debilita la barrera intestinal, lo que permite que bacterias, toxinas e incluso los MPs pasen al torrente sanguíneo y lleguen al hígado (Horvatits et al., 2022).
En 2022, se analizaron hígados de individuos trasplantados por enfermedad hepática crónica y de individuos sin enfermedad crónica (obtenidos en autopsia). Se detectaron, en promedio, 102 partículas de microplásticos por muestra, destacando el polietileno como el más abundante, seguido del policloruro de polivinilo, del polietileno tereftalato, del polipropileno y del poliestireno, y señalando que los individuos trasplantados presentaron una mayor cantidad de MPs que los hígados sanos (Yin et al., 2022).
Horvatits et al. (2022) encontraron en promedio 4 MPs por muestra para el hígado y el bazo, equivalentes a 1.1 partículas por gramo de tejido, en las que predominaba el poliestireno con tamaños entre 4 y 30 µm; para el riñón no se detectaron. Sin embargo, en 2024, Massardo y colaboradores reportaron hasta 26 MPs en tejido renal y orina humana, con tamaños de 1 a 29 µm en el tejido renal y de 3 a 13 µm en la orina, predominando el polietileno y el poliestireno. Además, se han reportado 5 partículas en el bazo.
También se ha reportado la presencia de MPs en los testículos, con un promedio de 328 µg/g, siendo el polietileno el polímero dominante, lo que podría afectar la fertilidad masculina. Sin embargo, aún falta evidencia del daño a la salud reproductiva asociado a la acumulación de estos (Zhao et al., 2023).
Ragusa et al. (2020) analizaron 6 placentas humanas y reportaron fragmentos de 5 a 10 µm en 4 de ellas., encontrando mayormente polipropileno. Sugirieron que el mecanismo de translocación a través de la barrera placentaria podría ser mediado por diversos mecanismos de transporte, tanto activo como difusión pasiva, con invasión del tejido en profundidad, y que dependería de las condiciones fisiológicas y de las características genéticas. Esto podría explicar, junto con los diversos hábitos alimentarios y estilos de vida de las pacientes, la ausencia de MPs en 2 de las 6 placentas analizadas, así como la localización y las características distintas de las partículas identificadas (Medley et al., 2023).
La última ruta de exposición es la de contacto dérmico, de acuerdo con el análisis de la piel de las manos y rostro, el cabello y la saliva de 2,000 adultos de distintas regiones de Irán, se identificaron más de 16,000 MPs, siendo el cabello el principal receptor y la saliva el menor, con una mayor exposición en los hombres, sin haber diferencias entre las zonas rurales o urbanas. Predominaron fibras de polietileno, tereftalato de polietileno y polipropileno, probablemente de ropa y mobiliario de interiores, y de fuentes diversas en exteriores, como envases o detergentes, entre otros (Abbasi & Turner 2021).
La excreción de los MP se reporta tanto en las heces como en la orina. En heces existen diversos estudios que reportan entre 1 y más de 5,000 partículas, en su mayoría películas, fibras y fragmentos de diversos tamaños. Se ha descrito que los MPs menores de 150 µm pueden atravesar la barrera intestinal, por lo que no es de extrañar estos hallazgos, si bien es un medio de expulsión, el problema es realmente serio cuando el organismo no es capaz de eliminar todos los contaminantes.
Los estudios en varios países muestran que la excreción urinaria de los MPs es posible, se han reportado de 6 a 335 partículas, en personas en su mayoría sana con edad entre los 6 y los 79 años, principalmente fragmentos de 4 a 15 µm, siendo de polietileno, polipropileno, cloruro de polivinilo, entre otros.
Por último, la excreción de MPs en la leche materna, también se ha observado, sin embargo, las implicaciones de estos aún no están claras.
La exposición crónica a los MPs podría asociarse con efectos citotóxicos, estrés oxidativo e inflamatorio, así como con disfunciones orgánicas, aunque las implicaciones clínicas aún no están establecidas. Se ha reportado una correlación entre su concentración y la incidencia de enfermedades inflamatorias intestinales y asma, agravadas por la presencia de aditivos tóxicos o contaminantes.
Conclusiones
Los microplásticos ya no constituyen únicamente un problema ambiental, sino también una cuestión de salud pública. Su presencia en todo el planeta sugiere la urgencia de ampliar las investigaciones y de adoptar medidas preventivas. Aunque los efectos en la salud aún se encuentran en estudio, la evidencia disponible es suficiente para señalar la necesidad de informar, difundir, sensibilizar y crear conciencia social sobre la problemática de los microplásticos.



