Voces de Expertos
por
Giovanni Maimone Celorio
La inteligencia artificial generativa para construir otra realidad
2
de
April
de
2025
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Resumen: Cuando Berger y Luckman (2003) propusieron que no existe una sola realidad, sino que la sociedad es quien la construye –es decir, nosotros mismos por ser parte de esa sociedad–, nos dimos cuenta que había entonces la posibilidad de muchas realidades. Y claro, esto se hace más entendible cuando leemos un libro, por ejemplo, porque no estamos ahí en el lugar donde se sitúa la narrativa y sin embargo podemos entender de qué nos está hablando su autor; entonces formamos una realidad entre lo que hemos experimentado en la vida y lo que entendemos que podría ser.  Digamos que una persona que nunca ha estado en Islandia puede darse una idea de lo que es ese país a través de textos, imágenes, videos y sonidos que, tal vez, no sean la referencia más fiel, pero el individuo juntará su experiencia acumulada con la fuente de información y asumirá que aquello que le fue comunicado sobre tal país es real.  En el presente texto se explora la forma en que los seres humanos comprenden la realidad para tratar de moldearla y cuál es la posibilidad de influencia actual sobre ello por parte de la inteligencia artificial generativa.

Palabras clave: construcción de la realidad, comunicación digital, inteligencia artificial generativa.

Ya de por sí los tiempos actuales dificultan notablemente la comprensión de la realidad, o mejor dicho de las realidades, porque los medios digitales tienen al ser humano sobreinformado, sobreentretenido y en muchas ocasiones sobreangustiado. Por si fuera poco, el 30 de noviembre de 2022 llegó al mundo la tecnología que materializó muchas historias de ciencia ficción. La inteligencia artificial generativa (IAG) se hizo pública y accesible a través de un modelo grande de lenguaje llamado ChatGPT (Edwards, 2023); y con esta disrupción estalló el entusiasmo colectivo, por un lado, y la preocupación por el otro, debido a la potencia de esta forma de inteligencia artificial enmarcada en el aprendizaje automático y profundo.

A partir de ello cabe la entrada en escena nuevamente de la filosofía, no poque se hubiese ausentado, sino por que la nueva tecnología digital abrió casi por fuerza una gran puerta para la discusión ética sobre el uso de la IAG.  Para no variar, se distinguieron los dos polos del debate: por un lado los que otorgan total utilidad a esta forma de tecnología de la información y la comunicación para crear contenidos, ser más creativos y lograr objetivos comunicacionales provechosos para la sociedad; y por el otro, los que advierten todos los riesgos del mal uso de esta “inteligencia” como es la desinformación, las mentiras, los sesgos, los fraudes y los ataques a los datos personales así como a los sistemas informáticos institucionales de todos los niveles tanto públicos como privados.

La tecnología para mejorar la realidad humana

Desde el lado del transhumanismo (Diéguez, 2016) se plantea que la tecnología está hecha para ayudar a los seres humanos, para mejorar su genética, para tener exoesqueletos, para sustituir miembros perdidos a través de prótesis, o simplemente para ser más altos, más fuertes y más veloces, parafraseando con esto último a los ideales olímpicos. Pero no podemos escapar de la discusión ética: ¿Cuándo sí es válido utilizar la tecnología para el perfeccionamiento humano y cuándo no lo es? Porque toda innovación requiere experimentación y aquí, como suele decirse, estamos hablando de seres humanos como sujetos de estudio y de aplicación de los descubrimientos.

Los debates emergen porque el dinero y el poder vuelven a ser variables importantes en la ecuación que define a la tecnología electrónica.  La que ahora se analiza es la del campo digital identificada como inteligencia artificial generativa.  Supongamos que una persona billonaria quiere vivir mejor o prolongar su vida o mejorar su cuerpo.  Esa sola característica del capital económico le pone en ventaja sobre aquellos que no tienen dinero; y entonces se evalúa si la tecnología es útil, pero injusta.

Específicamente la IAG es capaz de crear contenidos textuales o audiovisuales que antes no existían y funciona a partir de la alimentación o entrenamiento por medio de datos en un sistema que con base probabilística adivina o predice los resultados basándose en patrones neurales por capas para arrojar salidas (outputs) tras haber recibido una instrucción (input) denominada en inglés como prompt (Congressional Research Service, 2024).

De tal modo que cuando ChatGPT fue abrazado por el público para crear contenidos con una velocidad y precisión nunca vistos, sus defensores vieron todo el potencial para optimizar tareas y trabajos. Por ejemplo, en el campo de la comunicación, para generar textos creativos y persuasivos, conocidos también como copy writing; o para producir fotografías fantásticas, audios con voces al alcance de cualquiera y videos en formato de película que solo tardaron unos minutos en ser creados.

Aunque al principio, por ejemplo en el campo académico, se advirtieron sanciones para los usuarios de este modelo de IA, después se entendió que el uso de la IAG en el ámbito escolar está siendo incluso promocionado, para que maestros, alumnos y dirigentes comprendan la ayuda de esta tecnología como herramienta para apoyar la creación de contenidos y no como generadora de los productos finales, porque la educación debe adaptarse a las innovaciones, favoreciendo la alfabetización digital (Andión y Cárdenas, 2023).

Imagen creada por el autor con una IA.

La tecnología para empeorar la realidad humana

Sin establecer que los seres humanos están extintos ya, Braidotti (2019) advierte que esta especie de seres vivientes se encamina hacia algo que no será como tal un humano, sino un posthumano.  La postura de la autora no es determinista y más bien invita a dejar la prepotencia antropocéntrica para ser mejores, además de que comprendiendo la esencia del ser se puede usar la tecnología para apoyar la reconfiguración de saberes y convertirse en algo nuevo con un cambio social.

Sin embargo, la realidad (o realidades) parecen marcar otra cosa. Académicos, políticos y algunos empresarios han expresado su preocupación por los usos malintencionados de la inteligencia artificial generativa.  Ya se habló de la preocupación en la pedagogía por los plagios y falsas autorías, pero acontece por igual el estrés generado dentro de las industrias noticiosas debido a la gran cantidad de contenidos comunicacionales falsos o sesgados, creados con IAG.  En el campo de la ciencia, también se generan reportes que aparentan ser científicos pero que son puras invenciones informáticas.  Debido a ello se alzan las voces para exigir que el uso de estos modelos digitales sea aplicado con responsabilidad y transparencia (Lopezosa, 2023).

Por si fuera poco, la supuesta realidad viene a ser una mezcla de evidencias y ficciones; o mejor dicho de acciones y simulaciones, porque como ha propuesto el propio Bostrom (2014), ni siquiera podemos estar totalmente seguros de que no vivimos dentro de una simulación diseñada y ejecutada por seres que trascienden la dimensión terrenal en la que creemos nosotros (al menos por ahora).

Conclusión

Nos encontramos en un nuevo mundo.  Al estilo del asombro que debió sentir Cristóbal Colón cuando llegó a una realidad desconocida, nosotros estamos poniendo los pies en un nuevo territorio que todavía no ha enseñado todas sus bondades y maldades. Es cierto que la IAG es una herramienta muy útil para el impulso de la creatividad y la optimización de procesos, pero también es un sistema informático capaz de engañar al más agudo haciéndole creer que lo que lee, lo que ve y lo que escucha es verdadero, cuando es falso. Porque la lógica y la plausibilidad son características de estos nuevos contenidos comunicacionales que podría decirse que sí son reales porque existen, pero son irreales porque no corresponden a aquello que denominamos como verdad.  Tal vez la inteligencia artificial generativa termine transformando en el corto plazo la, de por sí, vaga definición que teníamos de “la realidad”.

REFERENCIAS

Andión Gamboa, M., & Cárdenas Presa, D. I. (2023). Convivir con inteligencias artificiales en la educación superior: Retos y estrategias. Perfiles Educativos, 45(Especial), 56-69. https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2023.Especial.61691

Berger, P. L., & Luckmann, T. (2003). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Bostrom, N. (2014). Superintelligence. Paths, Dangers, Strategies. Oxford University Press.

Braidotti, R. (2019). El conocimiento posthumano. Gedisa Editorial.

Congressional Research Service. (2024). Generative AI: A Primer What is generative artificial intelligence? Congressional Digest, 3-6.

Diéguez, A. (2016). Cuerpos inadecuados. El desafío transhumanista a la filosofía. Herder.

Edwards, B. (2023, noviembre 30). Año uno de ChatGPT: Así ha cambiado el mundo desde la llegada del chatbot de OpenAI. WIRED. https://arstechnica.com/information-technology/2023/11/chatgpt-was-the-spark-that-lit-the-fire-under-generative-ai-one-year-ago-today/

Lopezosa, C. (2023). La Inteligencia artificial generativa en la comunicación científica: Retos y oportunidades. Revista de Investigación e Innovación en Ciencias de la Salud, 5(1), 1-5. https://doi.org/10.46634/riics.211

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